De la vida espero que me sea leal hasta la muerte. Que no me venda por dos duros a esa puta tan paciente. Que se enamore de mí tanto como yo lo estoy de ella. Que se acueste conmigo por las noches comportándose como una amante silenciosa.
Le pido simplemente que me deje saborearla a manos llenas, permitiendo descubrir quizás alguno de sus misterios, esos que sólo resolvemos en la última cruzada, en el vagón de despedida, mientras le decimos adiós con la mano ya llena de arrugas.
Me gustaría conocer el final de esta novela para no quedarme con las dudas. Saber si el protagonista enamorará a esa chica tan graciosa, si alcanzará las glorias personales, si aprenderá a tocar la armónica, si tendrá descendencia o si de una puta vez podrá a dejar la ropa blanca, blanca.
No me importaría venderle mi alma por un par de siglos más de existencia, por tiempo sin tiempo, por un viaje sin prisas, sin relojes o fechas de caducidad. No me importaría ceder mi mortalidad por convertirme en su escudero, en su ayudante, en su lacayo. Ser su esclavo si lo desea, siempre y cuando me prometa que la de negro se mantendrá alejada, que hará la vista gorda, que romperá su parte del contrato.
A cambio le ofrecería ser su amante eterno. Serle fiel. Vivir sólo para ella. Que deje de estar tan sola, que tenga a quien abrazar cuando pierda el optimismo, cuando le entren las ganas de abandonar. Casarme con ella en una iglesia si hace falta y jurar amarla en lo bueno y en lo malo, la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Y que la muerte, mi muerte, no nos separe.
Sólo vida es lo que pido. Sin la condición de que se acabe.
Le pido simplemente que me deje saborearla a manos llenas, permitiendo descubrir quizás alguno de sus misterios, esos que sólo resolvemos en la última cruzada, en el vagón de despedida, mientras le decimos adiós con la mano ya llena de arrugas.
Me gustaría conocer el final de esta novela para no quedarme con las dudas. Saber si el protagonista enamorará a esa chica tan graciosa, si alcanzará las glorias personales, si aprenderá a tocar la armónica, si tendrá descendencia o si de una puta vez podrá a dejar la ropa blanca, blanca.
No me importaría venderle mi alma por un par de siglos más de existencia, por tiempo sin tiempo, por un viaje sin prisas, sin relojes o fechas de caducidad. No me importaría ceder mi mortalidad por convertirme en su escudero, en su ayudante, en su lacayo. Ser su esclavo si lo desea, siempre y cuando me prometa que la de negro se mantendrá alejada, que hará la vista gorda, que romperá su parte del contrato.
A cambio le ofrecería ser su amante eterno. Serle fiel. Vivir sólo para ella. Que deje de estar tan sola, que tenga a quien abrazar cuando pierda el optimismo, cuando le entren las ganas de abandonar. Casarme con ella en una iglesia si hace falta y jurar amarla en lo bueno y en lo malo, la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Y que la muerte, mi muerte, no nos separe.
Sólo vida es lo que pido. Sin la condición de que se acabe.








