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Saturday, May 10, 2008
Una petición
De la vida espero que me sea leal hasta la muerte. Que no me venda por dos duros a esa puta tan paciente. Que se enamore de mí tanto como yo lo estoy de ella. Que se acueste conmigo por las noches comportándose como una amante silenciosa.

Le pido simplemente que me deje saborearla a manos llenas, permitiendo descubrir quizás alguno de sus misterios, esos que sólo resolvemos en la última cruzada, en el vagón de despedida, mientras le decimos adiós con la mano ya llena de arrugas.

Me gustaría conocer el final de esta novela para no quedarme con las dudas. Saber si el protagonista enamorará a esa chica tan graciosa, si alcanzará las glorias personales, si aprenderá a tocar la armónica, si tendrá descendencia o si de una puta vez podrá a dejar la ropa blanca, blanca.

No me importaría venderle mi alma por un par de siglos más de existencia, por tiempo sin tiempo, por un viaje sin prisas, sin relojes o fechas de caducidad. No me importaría ceder mi mortalidad por convertirme en su escudero, en su ayudante, en su lacayo. Ser su esclavo si lo desea, siempre y cuando me prometa que la de negro se mantendrá alejada, que hará la vista gorda, que romperá su parte del contrato.

A cambio le ofrecería ser su amante eterno. Serle fiel. Vivir sólo para ella. Que deje de estar tan sola, que tenga a quien abrazar cuando pierda el optimismo, cuando le entren las ganas de abandonar. Casarme con ella en una iglesia si hace falta y jurar amarla en lo bueno y en lo malo, la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Y que la muerte, mi muerte, no nos separe.

Sólo vida es lo que pido. Sin la condición de que se acabe.


 
Bito dixit at 12:20 AM | Permalink | 19 comments
Thursday, May 01, 2008
Windows XP
¿Qué coño le ha hecho el mundo a Bill Gates? ¿por qué se empeña en desestabilizarlo de esa manera? ¿cuándo la pena máxima para el creador de tal invento del demonio? Aún peor que la guillotina, que el garrote vil o el potro de torturas.

Hacía ya varios años que no trataba con él más que esporádicamente, hasta el punto de olvidar cuán molesto era. Es más, creo que una vez (oh! perdóneme manzanita) comenté de comprarme un portátil con dicho sistema inOperativo. Desde luego que una semana de uso me ha quitado las ganas. Y no de un plumazo, sino con preguntas eternas, cuelgues inexplicables y esos largos minutos que tarda en abrirse o cerrarse.

Y digo yo, cuando uno se compra una batidora ¿qué espera? que bata. Es decir, que se comporte única y exclusivamente como una batidora, sin dar más problemas que los comunes por los años o por averías accidentales. Pues cuando uno se compra un ordenador debería esperar exactamente lo mismo: que funcione. Que se comporte como un maldito ordenador cumpliendo nuestras ordenes eficientemente sin cuestionarlas cada cinco minutos. Que termine las tareas. Que no improvise.

Cuán diferente hubiera sido la literatura de Isaac Asimov de haber tratado con Windows XP, qué maravillosas y terroríficas historias hubieran surgido de su previsora mente. Cuánta inspiración, por Dios.

Codo a codo voy a trabajar con él, y ya estoy por pedir una caja de tranquimacines. Por comenzar a meterme coca por las mañanas, y terminar cogiendo una recortada cargarme uno a uno mis compañeros sumido en una extraña dosis de estrés y odio mundial.

Insisto. Cadena perpetua.
 
Bito dixit at 9:14 AM | Permalink | 17 comments
Friday, April 25, 2008
Buenas nuevas.
- Entonces ¿qué? ¿Te animas a una partida de parchís? - me preguntó Mario.

Hacía un rato que había llegado a su casa para devolverle unas herramientas, y allí había descubierto, entre otros, a mi venerada Pediatra sentada en la mesa defendiendo las fichas rojas. Con un café en las manos les (la) había observado jugar, entablando una amena conversación en la que participé lo mínimo. Es parte de la táctica, no se les ocurra preguntarme.

- Ya os he dicho que han sido muchos años en okupas, de un plumazo os aniquilo - respondí tranquilo.

Y no miento. Al parchís soy prácticamente un genio, pues allí donde la mayoría no ven más que una simple carrera de fichas, yo veo un campo de batalla en el que mis soldados de colores se dedican a aniquilar y avanzar estratégicamente no sólo para ser los primeros, sino para no dejar a los demás ni siquiera la opción de intentarlo. Aquel que piense que el parchís es un juego de suerte es, simplemente, porque no sabe jugar.

- Apostemos - dijo desafiante la pediatra.

Era evidente, todos contra mí. Yo elegía la apuesta y sabía que aquella era mi baza.

- Si gano yo, te vienes a cenar el sábado conmigo - lo solté de golpe, mirándola únicamente a ella. En la mesa hubo una carcajada general, pero yo ni siquiera sonreí, no quería que mi propuesta se tomase por broma, ni siquiera por una invitación lanzada al azar.

Ella me miró sorprendida, apenas hacía una hora que había reparado en mi existencia, y un desconocido decidido siempre intimida.

- Y si pierdes ¿qué? - me preguntó.
- Pago yo y vienen todos los demás - respondí. Sin sonreír tampoco.

La cena es mañana. Vamos solos. Ya os contaré.
 
Bito dixit at 10:43 PM | Permalink | 26 comments
Monday, April 07, 2008
Descapotado.
La pediatra tiene una hija. Me enteré el viernes por la tarde así como por casualidad cuando Mario, hablando con alguien que se encontró en la calle, sacó el tema. Por supuesto yo me hice el desinteresado y continué pateando el bordillo mientras mis orejas, disimuladas pero atentas, captaban toda la información fundamental para trazar los planes de acoso y derribo. Ya saben algunos de aquí como me las gasto.

Después pude preguntar, una vez de nuevo a solas con mi inocente informador, sin que pareciera más que pura curiosidad laboral. La niña en cuestión apenas cumple los siete meses y no tiene padre. Bueno, aclaremos este punto, por supuesto que lo tiene, no fuera a ser que yo ahora tuviese que pelearme con la blanca paloma por el querer de una señora, pero no vive con ellas. Digamos que es una feliz madre soltera que - espero, espero, espero - no arrastra en su equipaje retazos de una relación rota que late a la espera de que la recompongan.

Para colmo esta vez no está Dani conmigo para atizarme a collejas, para aconsejarme que meta mi fiera o mis quereres en otras faldas menos complicadas, que mire hacia otra parte ahora que estoy a tiempo porque, otra vez, corro el riesgo de meterme en relaciones que es posible me queden grandes. Y, sí os soy sincero, es una putada que no esté aquí para decirme todo esto, pero no porque yo fuera a escucharle o a obedecerle, sino porque así dicho pareciera que estoy repleto de oportunidades, vamos, que el hecho de que terminemos juntos ya sólo depende de mí. Y eso, ya saben, aún me alienta más.

En fin. Y ahí vamos, a por un nuevo toro.¡ Estúpido diestro que se lanza al ruedo sin capote!
 
Bito dixit at 5:50 PM | Permalink | 28 comments
Wednesday, April 02, 2008
Contestación a un comentario.
Sí, claro que soy ambicioso. Lo he sido desde niño. Desde que me acostumbré a esa suerte puñetera que siempre me acompaña y ha hecho de mí, bien acostumbrándome, un muchacho caprichoso y consentido que no entiende de conformismos. Fui un crío mimado si no tanto por las circunstancias sí por la vida y el azar, que como dos putas enamoradas se ha dedicado a poner a mis pies - bajo el disfraz de casualidad - todo aquello que deseaba, y para ello, simplemente, tenía que chasquear los dedos. Situaciones que rozaban lo mágico me hacían conocer aquella a la que amaba, confusiones de un tercero me convertían en el elegido para alguna estupenda empresa, impuntualidades por mi parte me llevaban encontrarme con el jefe adecuado para una subida de puesto, los conflictos más terribles se convertían en geniales giros del destino que aún mejoraban mi presente. De alguna forma mi existencia parece responder a las ordenes de unas manos que no son las mías, a unas intenciones sobradamente benévolas que me dirigen a una meta que desconozco. A la que me dejo llevar.

Pero no se crean, no soy un inocente creyente que se considera hijo de los dioses, pero tampoco un presuntuoso que fanfarronea de haberse hecho a sí mismo. En mis triunfos hay tanto de esfuerzo personal como de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, porque a veces, en la vida, no todo es actitud. Repito - y espero no ser pesado - soy un tipo con suerte, y con esa baza cuento, constantemente.

Mi mejor arma: un optimismo inquebrantable garantizando que conseguiré todo aquello que me proponga. La incapacidad de conformarme con lo bueno cuando ansío lo perfecto, por lo que no me preocupa lo más mínimo dejarme la vida en el intento, y es que, amigos, si en esta carrera llega antes la muerte no pensaré que he fracasado sino que me quedé sin tiempo. Pues ya en mi lecho de descanso eterno, aseguraré a la dama de negro mientras me coge de la mano, que si me hubiera dejado un par de días más lo hubiera logrado; fijo que el siguiente paso era el bueno.

No, en mi cabeza no hay lugar para la resignación, mas no por una ideología de puño en alto o un espíritu de lucha sacado de libros de autoayuda, sino por una incapacidad innata de tener uno en la mano y no los ciento volando. Con todo lo bueno y malo que esto conlleva porque, por supuesto, sería de necios considerar esta cualidad únicamente como virtud. Es cosa de viejos, y por lo tanto de sabios, la aceptación serena, la rendición en el momento preciso; abandonando la lucha de forma deportiva y orgullosa, eso casi te hace ganador. Yo, cuando no gano, pataleo, grito e injurio, vuelvo a lanzarme contra el muro de piedra hasta hacerme sangre, hasta perder la dignidad y la conciencia. Cabezonería también, pero sobre todo estupidez de niño rey, de gordito acostumbrado a palabras bonitas y bolas de caramelo.

Creo que la edad me calmará, que esas putas tan encantadoras algún día se sentirán despechadas, que en algún momento se me pondrá una barrera que no podré saltar y no por falta de aptitudes sino porque hay barreras que, sencillamente, no se pueden saltar. Quizás entonces alcance esa madurez que tanto ansío, que envidio a los que la tienen y que me empeño en conseguir, fíjense que estupidez, de la forma más opuesta. Ya saben, como perseguir la paz haciendo la guerra.

En fin.
 
Bito dixit at 4:41 PM | Permalink | 14 comments
Tuesday, April 01, 2008
Disyuntiva.
Me han ofrecido otro puesto de trabajo: en las oficinas de una vieja fábrica que necesita informatizar todos sus datos, aunque esto sólo sería el principio. Buscan a un tipo joven que domine el Excel como si invento suyo hubiera sido; lo cual es mi caso. Que hable y escriba inglés a la perfección: bilingüe soy. Que sea organizado; este punto imagino no hace falta que os aclare. Y, por supuesto, domine el tema informático; y vamos, que no siendo Bill Gates estas maquinitas me parecen juego de niños, aunque, claro, supongo que allí trabajaran con Windows que aún siendo un sistema operativo estúpido hace tiempo que no trato.

El caso es que me lo han sugerido directamente y no sé que hacer. Ya tengo trabajo, y estoy cómodo, pero ahora no dejo de sopesar las dos opciones.

COMO CARTERO RURAL
- Gozo de unas condiciones laborables increíbles.
- Tengo un buen sueldo.
- Me pagan el mantenimiento del coche.
- Trabajo en parajes que rozan lo celestial, lugares tan hermosos que sólo contemplándolos a uno le entran ganas de llorar.
- Tengo un trato directo con la gente.
- Es un oficio literariamente romántico.
- De 9 a 14h.
- No hay posibilidades de ascenso, hecho que me consume.

COMO INFORMÁTICO (o el nombre que vayan a darme).
- El sueldo está algo mejor.
- El trabajo es de 8 a 15h.
- Me pagan la gasolina del coche.
- Tengo dos meses de vacaciones a repartir entre todo el año.
- Estaré toda la mañana encerrado en unas oficinas, sin más paisaje que lo que me muestren las ventanas.
- No habrá trato directo con la gente.
- Tendré compañeros de trabajo con todo lo bueno y malo que esto implica.
- La tarea me gusta.
- Hay posibilidades de escalar puestos lo que, para una persona ambiciosa como soy, es el punto clave que probablemente me haga decirme.

Tengo toda esta semana para pensar. Ya os contaré.
 
Bito dixit at 9:47 AM | Permalink | 21 comments
Friday, March 28, 2008
Santa Milá de Torquemada
Son los moralistas, de entre todo el vasto grupo de personas y personajes, los que más asco y rabia me dan, suelen adolecer de cualidades que detesto, que me parecen tan peligrosas, sibilinas y dañinas como esa serpiente que utilizan para simbolizar su principal enemigo, la viva encarnación del mal; quizás su propio reflejo en el espejo. Los moralistas se creen en posesión de la santa verdad, y sosteniéndola como si de la vieja cruz inquisidora se tratara van golpeando con ella en la cabeza a los herejes, es decir, aquellos que no piensan como ellos, que se toman la vida de otra manera. Cielo e infierno, para ellos es así de simple. Estás en el bando bueno o estás en el bando malo, todos los matices entre medias se considerarán una falta de personalidad, de espíritu combativo o de compromiso, sobre todo eso, los moralistas adoran esa palabra.

La señorita Milá es una moralista, con el nuevo emblema de justiciera que se ha mandado tallar a medida ha montado en su corcel blanco para barrer de España el mal, denunciar a gritos las canalladas, no dejar que en su bella tierra prolifere la infamia y la penuria. La Milá Quijotesca también ve gigantes donde quizás sólo haya molinos, pero lejos de cegarla la ensoñación del personaje cervantino a ella le confunde una empresa apenas meditada, pocas ganas de rascar en el fondo, y esa necesidad de fama y razones para una mujer demasiado agresiva, para una periodista que vale más por su nombre que por sus virtudes. No me gusta esa señora, no me gustan sus métodos y aún menos esa manía de justificarse continuamente, de querer vendernos sus hazañas como una causa noble cuando, si bien su necia intención lo es, lo que refleja es vileza. Sí, doña Milá Torquemada, a veces peca usted de vil y de cruel. Y encima de izquierdas, que promulgando libertad e igualdad con la pluma y el verbo se dedica a actuar como el más cerrado de los retrógrados, dividiendo a las personas en salvados o condenados. Que no caiga en sus manos una toga, señorita, cuántas almas irían directas a la hoguera.

Doña Milá de Torquemada denuncia las maldades más simplonas, las de moda, las que cometen unos malhechores tan definidos que bien parecieran de guión. Lejos de querer resolver el problema sus ataques siempre van dirigidos al último eslabón de la cadena, al culpable final que de tan débil parece otra víctima, a la hormiga obrera que ya ha perdido de antemano la batalla y que, por lo tanto, le dará los lores sin apenas hacerla sudar. Espero pueda dormir orgullosa. Acomete contra los inmigrantes que venden imitaciones a precio de cinco duros como si de la peor calaña se tratara pasando por alto todas las razones que les llevan a hacerlo y, lo más importante, no señalando de verdaderos ladrones: los que la venden, en exclusividad, a quinientos euros. Descalifica al cirujano que opera sin criterio por no pagar sus impuestos, dejando impune al que se forra por operar, sin criterio también, pero desde el lado de la ley. Tacha a los fumadores de asesinos de masas olvidando que cada uno es dueño y gobernador de su cuerpo, olvidando, además, que los que nos contaminan son esos enormes gigantes - y no el ciudadano - contra los que no se atreve a meterse, es más, posiblemente ni los haya visto, su cabeza sólo busca los bandidos que se arrastran por el suelo. Ridiculiza con espíritu vengativo e inquisidor a un viejo gordo y grosero por querer abusar sexualmente de la situación ilegal de una muchacha sin tener en cuenta que esto es el pan de cada día para muchas mujeres, sí esas que están en las aventurillas de Lequio, Jimmy J. Arnau y demás ralea. Y aún así, y aún así, no es a por esos gilipollas a por quienes hay que ir. Insisto, qué fácil se lo pone usted, aún no entiendo porque sigue frotando esa medalla.

Pero no quiero cometer su mismo pecado, no me quiero parecer a ella ni en eso. No pretendo enseñar a una moralista que es lo incorrecto o lo correcto pues ellos son los maestros en este tipo de clasificaciones, yo, sinceramente, suelo oscilar entre un extremo y otro sin tener nunca muy claro en cual me encuentro más a gusto. Que la Milá continúe buscando sus alas, su beatificación, su entrada al paraíso y su derecho a sentarse a la derecha del señor. Que consiga lo propuesto y vuele al mundo de la bondad, de lo bello, de lo compasivo, del sí y las coronas, que se quede allí con su conciencia henchida de orgullo y que no vuelva, por favor, que no vuelva. Que bien prefiero arder toda la eternidad en el infierno que compartir un sólo minuto con un alma de caridad tan barata, tan oxidada, tan llena de piedad que parece enferma.

En fin.
 
Bito dixit at 5:52 PM | Permalink | 21 comments