Elena
Elena estaba demasiado gorda para sus dieciséis años. Ella lo sabía. Lamentablemente, los demás también. Eran evidentes sus caras de desagrado o sus despiadados cuchicheos cuando paseaba sus fláccidas carnes por el instituto, o por el mercado, o por la Avenida Grande, o por el parque, o por el gimnasio al que ya había dejado de ir. Podría incluso asegurar que algunas veces los había oído reír, y estaba absolutamente convencida de que ya tendría un mote, uno de esos despectivos y terribles por el que se la conocería el resto de su vida. No quería saberlo.
Había intentado todo lo humanamente posible para perder los kilos sobrantes: como seguir desde una dieta equilibrada y contenida hasta la de la alcachofa o la del zumo de naranja. Hacía ya varios meses que no probaba el alcohol, ni el chocolate ni la bollería. Durante casi una semana, y hasta que se desmayó en el autobús, consiguió sobrevivir únicamente con vasos de agua que iba perdiendo poco a poco en las sesiones de abdominales que se obligaba a hacer mañana, mediodías y noches. ¡Si incluso había llegado a esconder una uva bajo su almohada creyendo que según esta se fuese empequeñeciendo lo haría así su grasa! - o al menos eso aseguraba "El manual que toda chica debería tener para triunfar antes de los veinte". Pero nada funcionó, apenas pudo quitarse media docena de kilos, y a ella le sobraban más, muchos más.
Estaba convencida de que todo se debía a una glándula alojada bajo su nuez. Lo leyó un día en Internet pero cuando se lo explicó al médico para que se la extirpara a este sólo se le ocurrió enviarla al psicólogo. Ni si quiera le hizo una mísera prueba. Nadie en su familia era gordo. Es más, ella tampoco lo fue hasta los catorce años y medio, cuando junto con sus hormonas o su sexo se revolucionó también la maldita glándula. De haber podido se la hubiera arrancado ella misma a bocados.
Por eso se encontraba triste, desesperada y sola. La única amiga que tenía había dejado de hablarla hacía unos meses, ya aburrida por su eterna perorata sobre los kilos. Y los chicos eran territorio vedado, un paraíso lejano y cruel que día tras día le recordaba que no era ella digna de sus lascivas miradas. Mucho menos deseos. Por eso aquella tarde se quitó la vida. Se rajó las muñecas y dejó que su espíritu abandonara aquel cuerpo grande, feo y seboso para que volase ligero, por fin, a un mundo en el que la apariencia era quizás lo menos importante.
Fue su madre quien encontró su esqueleto de apenas cuarenta kilos tumbado en la cama, sobre un charco de sangre y arropado con un centenar de fotografías de jóvenes tan delgadas y anorexicas como ella. Nada pudo hacer esta vez por ella, tan solo gritar, gritar y gritar hasta partirse en dos las cuerdas vocales.
Pero Elena, ya reducida a nada, no pudo oírla.
Había intentado todo lo humanamente posible para perder los kilos sobrantes: como seguir desde una dieta equilibrada y contenida hasta la de la alcachofa o la del zumo de naranja. Hacía ya varios meses que no probaba el alcohol, ni el chocolate ni la bollería. Durante casi una semana, y hasta que se desmayó en el autobús, consiguió sobrevivir únicamente con vasos de agua que iba perdiendo poco a poco en las sesiones de abdominales que se obligaba a hacer mañana, mediodías y noches. ¡Si incluso había llegado a esconder una uva bajo su almohada creyendo que según esta se fuese empequeñeciendo lo haría así su grasa! - o al menos eso aseguraba "El manual que toda chica debería tener para triunfar antes de los veinte". Pero nada funcionó, apenas pudo quitarse media docena de kilos, y a ella le sobraban más, muchos más.
Estaba convencida de que todo se debía a una glándula alojada bajo su nuez. Lo leyó un día en Internet pero cuando se lo explicó al médico para que se la extirpara a este sólo se le ocurrió enviarla al psicólogo. Ni si quiera le hizo una mísera prueba. Nadie en su familia era gordo. Es más, ella tampoco lo fue hasta los catorce años y medio, cuando junto con sus hormonas o su sexo se revolucionó también la maldita glándula. De haber podido se la hubiera arrancado ella misma a bocados.
Por eso se encontraba triste, desesperada y sola. La única amiga que tenía había dejado de hablarla hacía unos meses, ya aburrida por su eterna perorata sobre los kilos. Y los chicos eran territorio vedado, un paraíso lejano y cruel que día tras día le recordaba que no era ella digna de sus lascivas miradas. Mucho menos deseos. Por eso aquella tarde se quitó la vida. Se rajó las muñecas y dejó que su espíritu abandonara aquel cuerpo grande, feo y seboso para que volase ligero, por fin, a un mundo en el que la apariencia era quizás lo menos importante.
Fue su madre quien encontró su esqueleto de apenas cuarenta kilos tumbado en la cama, sobre un charco de sangre y arropado con un centenar de fotografías de jóvenes tan delgadas y anorexicas como ella. Nada pudo hacer esta vez por ella, tan solo gritar, gritar y gritar hasta partirse en dos las cuerdas vocales.
Pero Elena, ya reducida a nada, no pudo oírla.







41 Comments:
Genial. El párrafo culminante borda la historia. Una magn´nifica mirada desde dentro a esa epidemia de los países ricos.
Salud.
q heavy. Asco de mente.
Wow, no lo veía venir, yo peso como 50 kilos y estoy flaquísima, no se como subir de peso! hehehe
me encanta la forma en que escribes! impresionante.
Todavía hay peña que cree que la anorexia es una moda peligrosa. Pero es una forma de suicidio, lento y doloroso. Cuando un chavalito o chavalita es capaz de dejarse morir delante de todos, lentamente, mientras los que le rodean aparentan no verlo ( hostias si se nota), no mueven un puto dedo o simplemente se dedican a sentir lástima... es que algo funciona muy requetemal. Bso, me ha gustado
Bito , me supera el ritmo de su producción ! No alcanzo a comentar un post y ya hay otro colgado que me provoca sorpresa y curiosidad .
Estoy empacando , asi que le mandaré comentarios desde otro continente . Quizás los lea de otra manera ?
Saludos .
Hay lectura q entretienen, q amenizan, que t hacen sonreir... tb las hay que te duelen en el alma.
Creas una tensión literaria y haces que no puedas parar hasta el final del relato. Felicitaciones por el mismo. Es triste, como la vida misma.
Un abrazo enorme
Saludos
Rampy.
Me consta que tienes suficiente vocabulario como para no repetir tres veces el adjetivo "maldita" en el mismo párrafo.
Por lo demás, una historia de las que me gustan: directa al estómago, con el estilo perfectamente incrustado en el tema.
HUMO
Gracias, no me había dado cuenta.
Hoy, mejor que hable sintetizando:
-Este escrito tiene impresos tu ritmo y tu precisión.
-La historia es desgarradora y por desgracia frecuente.
-Como lectora he disfrutado y sufrido por igual al ir avanzando párrafos.
-Y no, el suicidio no fue aquella tarde. Comenzó mucho antes...
Besos.
Hay espejos que deberían ser condenados a cadena perpetua.
Sublime!!
como siempre, una nunca sabe si las historias son reales o solo producto de tu imaginacion. de todas maneras, sobrecogedor relato. besos, tu.
A riesgo certero de resultar repetitiva y redundante diré: MORTAL.
beso,
A mi me cuesta mucho llegar a concebir como puede funcionar el cerebro de la gente con este problema , tiene que ser algo durísimo sin duda , tan duro que como ya digo ni me cabe en la cabeza.De hecho no hace mucho tiempo ví una entrevista a esta modelo esquelética que se hizo famosa hace una temporada y me quedé impresionado de lo cadavérica que estaba...y se suponía que se estaba curando ya.
Muy bueno, si señor.
Bueno, yo sólo me quito mi sombrero...
Querido Bito...
Dios, me ha encantado, la verdad, casi creía que ella era gorda de verdad para al final darme el tortazo con la anorexia... problema grave donde los haya...
Besicos de admiración
Bito, la anorexia no sólo afecta a adolescentes, afecta a una gama amplia de población
Es muy duro tenerlas delante, yo q las veo en mi bar por las noches, con esas tallas q ni tallas son
Q piden un agua y se van corriendo al water a vomitar, es terrible verlo
Pq no puedes hacer nada, pq su mente está engañada, es terrible
Y es terrible un dia ir a un entierro y saber q dentro de poco tendré q ir a otro
muak triste muy triste
Jo. Bito. Se me pusieron los pelos de punta.
Triste asunto este de la anorexia.
Tengo unos amigos que sufrieron esta situación y fue terrible.
Ya han pasado varios años y ahora empiezan a parecerse de nuevo a lo que fueron.
Un abrazo.
Una auténtica pasada de post.
Encantada de pasarme por aquí, así que si no te importa lo haré más a menudo.
Cuando quieras pasarte por mi blog serás bienvenid@.
http://sairalindecomplementos.blogspot.com
(Es bastante diferente...pero serás bien recibid@)
Vaya que duro lo que has escrito:( se me han puesto los pelos de punta!!!
Pobre Elena, y pobres todas esas muchachas que se torturan como ella, la anorexia es un problema muy grave en nuestra sociedad, más de lo que pensamos.
Besitos
Qué enfermedad tan terrible aquella que desvitúa la realidad.
coontundente final para un relato tan humano.
al final, Elena se devoró asi misma sin darse cuenta
Realmente bueno Bito!!
Triste. Real. Incomprensible siempre.
Saludos :)
Carajo y si estaba gorda de verdad!!!!!!! vaya Elena.
Hice una tesis sobre la anorexia y la bulimia a principios de año. Me involucré en un forum donde se describe y se pasea por la enfermedad de forma detallada. Es muy duro, durísimo leer los sentimientos que provoca esta enfermedad.
Gran relato de realidad absoluta.
Besos Don
fabuloso, genial, lo único que no me gusta (o convence) es aquello de la Avenida Grande, pudo tener nombre y no pasa nada, nadie la va a relacionar con alguna ciudad; y, en todo caso, mejor sería que sí.
Pero exelente.
Besos.
Joder, me has puesto los pelos de punta y todavía no me lo creo.
La última frase casi la reproduzco en directo al terminar de leerlo.
P.D. Perdona por la palabra con la que empiezo, pero esta vez me ha salido de las tripas.
Un abrazo desde mi túmulo
Todo ha sido dicho. Sólo me resta agregar que tus relatos son necesarios. Tu escritura es necesaria...
Abrazo.-
Vaya, que relato más triste...La verdad que qué poderosa es la mente humana que nos hace creer que la muerte es la salida.
¡Excelente texto!
Un saludito ;)
Tremendo problema cuando la mente nos hace ver lo que no es... Maldita sociedad que nos manipula con sus criterios...
Muy buena forma de tratar en el problema...
Un besazo.
Madre mia, es increíble como hasta el final ni me he dado cuenta de que era una chica anorexica... pobre chica... y pensar que la imagen lo es todo para muchos... que pena de sociedad.
Besos
Pues como todos han dicho ya lo bueno que es el post ( y yo esoy de acuerdo), sólo diré que el argumento no me pareció tan duro como leer lo que opinan las personas afectadas que intercambian trucos en las páginas de Ana-y-Mia (Anorexia y Bulimia) y que consideran que lo suyo es una "forma de vida", no algo de lo curarse.
En este caso la realidad supera con creces a la ficción.
Salud.
uffff....
qué crueles son los espejos de nuestra cabeza que siempre nos dan una imagen distorsionada de lo que somos...
lo dicho, ufffff
Hola, soy de esas visitas anónimas que se pasan por aquí de vez en cuando. El comentario es algo atrasado respecto a la fecha de publicación de la entrada, pero creo que nunca es tarde para decirle que debería cambiar algo.
En el 4º párrafo, usted escribe "hablarla", y debo señalarle que la forma correcta es "hablarle".
No quiero parecer impertienente ni pedante, o quedar de listilla tocapelotas. Sólo que puede no hbar caído en ese laísmo.
Por lo demás, qué voy a decir que no hayan dicho ya los 36 comentarios que tengo sobre mí.
Un saludo, encantada de haber conocido esta parte de usted que es su blog.
AL FIN UN BUEN BLOG "PRO ANA" :D
1-.
Ni de coña.
Sabía que la historia terminaría así.
Como me suena todo lo escrito en este post, Bito, y como me suena la reacción de la madre.
Gracias. Creo q pocas personas han entendido esta enfermedad del modo que tu lo has hecho.
Un saludo
....Como es inimaginable este tipo de historias que pasan todos los dias frente a nuestros ojos..
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