Lapsus
Por una comilona de Camagrocs en mal estado terminé agonizando en la cama, sumido en un sufrimiento alucinatorio que me llevaba del infierno de las náuseas y los retortijones a los placeres mentales de espirales en movimiento o damas desnudas volando sobre mi cabeza.
Y cuando poco me faltaba para atrapar con la izquierda una de esas apetecibles aves un agujero negro se abrió en el techo de mi habitación. Al principio, todavía pequeño, creí que se trataba de una araña que habiendo surgido de la nada se quedaba inmóvil y tremolante, pero después, cuando aquella nada oscura se extendió hasta adquirir el tamaño de la boca de un pozo supe que me encontraba ante una puerta hacia otra dimensión.
Ignorando los calambres me puse en pie sobre la cama y levité hasta el agujero. Divisé luz al final del túnel - pues el agujero además de ancho era profundo - desde la cual provenía el suave aroma de un cigarrillo rubio recién encendido. Sin apenas pensarlo di un pequeño impulso con el tronco y metí la cabeza en el centro de la nada decidido a tirar por la borda mis seis años de abstinencia.
Aparecí en un dormitorio desordenado, sucio y mal iluminado por una bombilla de techo que no debía de ser de muy buena calidad. Traté de moverme, y al no lograrlo descubrí que no había conseguido pasar más que la cabeza, y, lo más sorprendente de todo, ésta asomaba entre páginas de un libro abierto como si en vez de un hombre me tratara de uno de esos desplegables que surgen de los libros infantiles. Mas lejos de darle importancia a este hecho recorrí con la vista la estancia ofuscado en encontrar el tabaco rubio que como las baldosas amarillas de Dorothy me había guiado hasta aquel lugar. Entonces fue cuando me percaté en la mujer que, de espaldas a mí, fumaba mirando por la ventana.
- Dame uno - le dije.
- Tú no deberías de estar aquí - me contestó.
- Dame uno - insistí.
- Además, no fumas - y tras decir esto se giró.
Fuera quien fuese no la había visto en mi vida, pues su rostro demasiado común no me era en absoluto familiar. Algo mayor que yo, posiblemente entrada ya en la quinta década de su vida, tenía el pelo oscuro recogido en un moño y uno ojos tristones, marrones y vivos que me miraban a través de unas gafas sin montura.
- Vuelve al libro, Bito - me ordenó.
Yo, que de pronto parecía haber olvidado mis ansias por fumar , miraba ahora a mi alrededor y cientos de preguntas se agolpaban en mi mente. ¿Dónde estaba? ¿de quién era esa habitación? ¿por qué surgía yo de entre las páginas de un libro? ¿quién era aquella mujer? ¿por qué narices sabía mi nombre?
- ¿Y tú quién eres? - le pregunté curioso.
- De nada te sirve saberlo. Vuelve al libro - repitió.
- ¿Y dónde estoy? ¿qué hago aquí?
La mujer suspiró cansada. Dio una última calada al cigarro y lo apagó sobre el cenicero que estaba a mi derecha, al acercarlo sentí el calor de la combustión enrojecer mis orejas.
- Preguntas demasiado - respondió sentándose en la silla - siempre has preguntado demasiado.
Y sin añadir nada más puso una nueva hoja en una fea máquina de escribir y comenzó a teclear.
- ¿Qué haces? - pregunté molesto por su descortesía.
- Te mando de vuelta a casa.
- ¿Cómo? - pregunté. Imaginando que aquella Olivetti era realmente una especie de nave transdimensional con la que atravesar los diversos océanos de la subjetividad.
- Escribiéndolo, Jacobo. Simplemente lo escribiré y tú volverás a tu cama como por arte de magia.
- ¿Quieres decir que ese aparato hace realidad todo lo que escribes?
- Exacto. Algo así.
Y acto seguido, antes de que pudiera darme cuenta, estaba de nuevo tumbado en mi cama bajo los enormes pechos de una hawaiana que cantaba una canción melancólica. Incapaz de rechazar unas carnes tan tersas y fáciles decidí no pensar en lo ocurrido y aplazarlo para más tarde, para cuando la sobredosis de las setas se me hubiera pasado y las bellas visiones no fueran más que un recuerdo onírico que se desdibuja con la mañana.
Hoy me levanté vomitando, y mientras veía los sucios tropezones resbalar por la loza del váter recordé a aquella extraña mujer y su extraña habitación. Sé, de seguro sé, que debería estar dándome cuenta de algo importante, que debería encontrar un significado a aquel lapsus de mi realidad, pero por alguna estúpida razón no consigo verlo. Es como si me faltara un sentido para lograrlo, como si teniendo entre mis manos la más sencilla receta de la inmortalidad fuese un analfabeto. Incapaz de interpretar. De resolver.
Quién sabe. Quizás no sea tan importante. Quizás es mejor no saberlo todo.
En fin.
Y cuando poco me faltaba para atrapar con la izquierda una de esas apetecibles aves un agujero negro se abrió en el techo de mi habitación. Al principio, todavía pequeño, creí que se trataba de una araña que habiendo surgido de la nada se quedaba inmóvil y tremolante, pero después, cuando aquella nada oscura se extendió hasta adquirir el tamaño de la boca de un pozo supe que me encontraba ante una puerta hacia otra dimensión.
Ignorando los calambres me puse en pie sobre la cama y levité hasta el agujero. Divisé luz al final del túnel - pues el agujero además de ancho era profundo - desde la cual provenía el suave aroma de un cigarrillo rubio recién encendido. Sin apenas pensarlo di un pequeño impulso con el tronco y metí la cabeza en el centro de la nada decidido a tirar por la borda mis seis años de abstinencia.
Aparecí en un dormitorio desordenado, sucio y mal iluminado por una bombilla de techo que no debía de ser de muy buena calidad. Traté de moverme, y al no lograrlo descubrí que no había conseguido pasar más que la cabeza, y, lo más sorprendente de todo, ésta asomaba entre páginas de un libro abierto como si en vez de un hombre me tratara de uno de esos desplegables que surgen de los libros infantiles. Mas lejos de darle importancia a este hecho recorrí con la vista la estancia ofuscado en encontrar el tabaco rubio que como las baldosas amarillas de Dorothy me había guiado hasta aquel lugar. Entonces fue cuando me percaté en la mujer que, de espaldas a mí, fumaba mirando por la ventana.
- Dame uno - le dije.
- Tú no deberías de estar aquí - me contestó.
- Dame uno - insistí.
- Además, no fumas - y tras decir esto se giró.
Fuera quien fuese no la había visto en mi vida, pues su rostro demasiado común no me era en absoluto familiar. Algo mayor que yo, posiblemente entrada ya en la quinta década de su vida, tenía el pelo oscuro recogido en un moño y uno ojos tristones, marrones y vivos que me miraban a través de unas gafas sin montura.
- Vuelve al libro, Bito - me ordenó.
Yo, que de pronto parecía haber olvidado mis ansias por fumar , miraba ahora a mi alrededor y cientos de preguntas se agolpaban en mi mente. ¿Dónde estaba? ¿de quién era esa habitación? ¿por qué surgía yo de entre las páginas de un libro? ¿quién era aquella mujer? ¿por qué narices sabía mi nombre?
- ¿Y tú quién eres? - le pregunté curioso.
- De nada te sirve saberlo. Vuelve al libro - repitió.
- ¿Y dónde estoy? ¿qué hago aquí?
La mujer suspiró cansada. Dio una última calada al cigarro y lo apagó sobre el cenicero que estaba a mi derecha, al acercarlo sentí el calor de la combustión enrojecer mis orejas.
- Preguntas demasiado - respondió sentándose en la silla - siempre has preguntado demasiado.
Y sin añadir nada más puso una nueva hoja en una fea máquina de escribir y comenzó a teclear.
- ¿Qué haces? - pregunté molesto por su descortesía.
- Te mando de vuelta a casa.
- ¿Cómo? - pregunté. Imaginando que aquella Olivetti era realmente una especie de nave transdimensional con la que atravesar los diversos océanos de la subjetividad.
- Escribiéndolo, Jacobo. Simplemente lo escribiré y tú volverás a tu cama como por arte de magia.
- ¿Quieres decir que ese aparato hace realidad todo lo que escribes?
- Exacto. Algo así.
Y acto seguido, antes de que pudiera darme cuenta, estaba de nuevo tumbado en mi cama bajo los enormes pechos de una hawaiana que cantaba una canción melancólica. Incapaz de rechazar unas carnes tan tersas y fáciles decidí no pensar en lo ocurrido y aplazarlo para más tarde, para cuando la sobredosis de las setas se me hubiera pasado y las bellas visiones no fueran más que un recuerdo onírico que se desdibuja con la mañana.
Hoy me levanté vomitando, y mientras veía los sucios tropezones resbalar por la loza del váter recordé a aquella extraña mujer y su extraña habitación. Sé, de seguro sé, que debería estar dándome cuenta de algo importante, que debería encontrar un significado a aquel lapsus de mi realidad, pero por alguna estúpida razón no consigo verlo. Es como si me faltara un sentido para lograrlo, como si teniendo entre mis manos la más sencilla receta de la inmortalidad fuese un analfabeto. Incapaz de interpretar. De resolver.
Quién sabe. Quizás no sea tan importante. Quizás es mejor no saberlo todo.
En fin.







51 Comments:
Bito espero que guardes algunas de esas para cuando nos veamos en 3 semanas. Y recordamos nuestras juergas de juveniles...vaya ida olla macho!
Besitos Jaco-Bito
Isaboh
Wow... creo que has vivido la experiencia de tu vida y nisiquiera te diste cuenta...
tal vez así sea mejor.
me encantó el post, aunque alguna vez lo escatológico que eres jejeje me pone los pelos de punta agggg
vaya vaya, asi q escribirás un "basado en hechos reales". Más o menos.
En fin, lo bueno d no saberlo todo es la felicidad de las sorpresas agradables, asi q las disfrutas más.
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Ummm... creo que a Platón le pasó lo mismo, hartura de Camagrocs y a escribir de sombras y cavernas XD
Salud.
Te has convertido por unos momentos en el protagonista de "La Torre Oscura"
Esa máquina de escribir... Y esa ansiedad por fumar, por todos los dioses, casi lo he olido a pesar de mis 4 años de abstinencia. Yo también hubiera asomado la cabeza por ese agujero negro.
Sigue, sigue, Bito. Un beso.
Espero que se haya recuperado y que no tenga ninguna marca en su nuca después de haber pasado por ese agujero negro, que filos de acero tiene que tener si es la verja al otro lado... Buff. Al menos escribe desde este mundo, cosa que me tranquiliza.
Descanse, que después del susto, se lo tiene bien merecido. Me alegro de leerle, la verdad.
Besos
Mis flases alucinógenos en ese situación de dejar de fumar sólo se limitaban a no dejarme dormir y levantarme a las tres de la madrugada a comerme una paella que hacía entonces. Ojalá hubiera flipado como tú, pero yo imaginándome que tenía debajo de mí a un hombre de cine.
Felices sueños o feliz imaginación!!! Por un momento me estabas recordando a Alicia.
O quizás encuentres la respuesta cuando menos lo esperes...
Hola Bito, no sé cómo lo haces pero siempre te superas
Un abrazo enorme
Saludos
Rampy
hostia, un personaje en busca de autor ... y de un whisky.
Pues ya sabes lo que hay que hacer, volver al libro, no?
besicos
¿Estramonio?
vaya,si es verdad que lo inesperado aguarda por nosotros al final del tunel...
muy bueno
Puede que sea mejor, pero sin saberlo es difícil afirmarlo categóricamente: algunas cosas es mejor saberlas. Me ha gustado mucho.
O quizás sólo fue que los hongos estaban verdaderamente pasados...
buenas:
esa sensación de creer saber algo, de tenerlo tan cerca y que todo lo explicaría... luego te despejas y se va.
Me gustó mucho
besos
Gracias por pasarte por mi blog bito!
Me pasaré por aqui.
Un saludo!!!
Me ha gustado mucho el relato.
Genial!
Es el mejor Lapsus calami que he leído en mucho tiempo...
Saludos :)
me ha transmitido mucha agonía este post, bastante similar a la escena de Renton pasando el trance del mono. Besos.
Lecciones a aprender:
1. Para siempre antes del tercer Camagroc
2. Si piensas seguir comiendo asegurate de haber adelgazado para poder caber entero por el agujero.
3. No hables con desconocidas
4. La curiosidad mato al gato
5. Probablemento todo fué una alucinación provocada por un ahogamiento debido a los enormes pechos de la hawaiana, asi que la próxima noche ponte tu encima.
Yuuuuuu, me encantó! tienes más de éstos? Besito
Parar antes del tercer camagroc???? Imposible!!!!!, por lo menos para mí, que me chiflan, con ese olorcillo tan bueno y peculiar que tienen... huuuummmm... Me encantó tu alucinación. Supongo que no debía estar tan mal, si además de cierta angustia por el tabaco perdido, pudiste ver mujeres desnudas, y hasta probar algún pecho, jijijijijiji!!!
Besos salvajes.
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Interpretar sueños opiáceos (como si hubiera de otro tipo) no es mi fuerte, además como bien apunta usted, saber puede banalizar el relato.
Me gustó mucho, tanto como los libros infantiles que al abrirlos descubrís figuras que se arman.
Quién pudiera interpretar sueños y ademases...
Beso,
Siempre que llego, resulta que ya tiene usted treinta mensajes. Y siempre temo que el mío pase desapercibido porque, en definitiva, casi vengo a decir algo parecido a los veintitantos anteriores.
Siga en ello, señor Bito.
ISABOH
¿Recordar? si volvemos a tomar de esas setas las reviviremos. ¡¡Y qué no se te olvide subirme el libro!! (repito: otra, otra, otra vez)
LORENA
Estuvo bien, pero como soy demasiado ambicioso realmente espero que todavá no sea LA experiencia de mi vida.
SUSANA
¿Escatologico este texto? si así le parece tengo alguno perdido por las inmensidades del blog que supongo la llevaría al irremediable vómito.
BEGO
De hecho creo que saberlo todo sería horrible. Aunque quien sabe, quizás uno terminase encontrando otro sentido a la vida.
PLATÓN
Más que comerselos los olió en una hoguera ¿no?. Eso sí, por muy atractiva que sea la inmortalidad espero no ser recordado por mis desvarios lisérgicos... Para eso ya estuvieron los Beat.
JORDI
No conozco esa historia, sólo sé que es de Stephen King, y más que de miedo de aventuras. Pero vamos, es evidente que todo está inventado.
OLWEN
Tras veinte años sin fumar mi abuelo de vez en cuando decía, con cierto toque melancolíco, que él, en según qué momentos todavía se fumaría un cigarro. Supongo que el fumador lo es para siempre.
Dichosos vicios.
ADRIANA
Muchas gracias. Pero por suerte mi cabeza pasó sin problemas por el agujero... aunque de haber leído su comentario antes de escribir yo el texto (¿?) quizás hubiese empleado su idea y hubiera descrito una especie de segundo parto.
La próxima vez, por favor, adelántese con sus ideas, pues podría mejorar mis escritos.
BELONA
Hombre... pues tomarse una paella a las tres de la mañana tampoco es moco de pavo. Claro que peor hubiera sido si a esa misma hora te hubieras dedicado a hacerla.
En fin.
MARTINI
Eso es lo que suele ocurrir. Aunque esta vez te aseguro que en absoluto me esperaba lo ocurrido.
RAMPY
Muchas gracias. Ojalá pudiera yo verlo a través de tus ojos, quizás en según que momentos dejaría de fustigarme...
ZORRO
Hummm... creo que más que buscar este personaje realmente lo ha encontrado. ¿Wisky? no lo vi ¿dónde estaba? Siempre me pierdo lo mejor.
BELÉN
¿Y volver a los retortijones de las setas? ¡Ni hablar! al fin y al cabo no será más que otro misterio que llevarme a la tumba.
STULTIFER
Si hubiera tenido sobre dosis de Estramonio a quien hubiera visto sería a Dios.
DIGLER
Y ya ve, al final la respuesta no es ni Dios, ni nuestros antepasados... sino una escritora desordenada, enfadada y que además fuma como una carretera.
MELPÓMENE
Bueno, cierto es que la duda es casi siempre mejor que la certeza. Pues si nos perdemos lo bueno no nos importa porque no lo sabemos. Y si nos perdemos lo malo mucho mejor.
NECIO HUTOPO
Más que quizás yo diría que posiblemente.
TEQUILA
Se va o se olvida. Que para el caso viene a ser lo mismo.
PEQUEÑA CANDI
Un saludo. Nos veremos entonces.
XAVITU
Gracias por el cumplido y por la vistita. A mí también me gusto mucho tu recomendación, y sí, tenías razón los "votados" no tenían desperdicio.
PATI
Pues ya sabe, no se quede sólo en las letras ¡vívalo!
GLORIA
Hombre... es que los retortijones sin duda eran desagradables, aunque vamos, nada parecido al cadáver de un bebé amenazante caminado por el techo.
Ya sabes, ojos que no ven corazón...
TUMULARIO
1. Imposible. Con ajo está buenísimos.
2. Ya estoy delgado, si bajo un poco más terminaría por desaparecer.
3. ¡¡¿Cómo?!! entonces como podré relacionarme con estupendas damiselas. ¿Habré de conformarme con una vida monacal?.
4. Bueno, yo les tengo alergia.
5. XD Muy bueno este.
JEZABELARTE
Bueno, se me están acabando. Desde que dejé las drogas mis alucinaciones no son desde luego lo que eran.
PANTERABLANCA
Estoy de acuerdo, cuando comienzas con un camagroc has de comértelos todos. Por muy mal que vayan a sentarse. Es preferible la muerte a dejarse uno solo en el plato.
LUIS AMÉZAGA
Tampoco es mi fuerte. Bastante llevo ya con vivirlos.
Un saludo.
Por cierto, ya he leído algunos de sus poemas. De momento bien. Una poesía amena, fácil y entretenida. Pero ya le digo, de momento. Esperaré a terminar para hablar con un poco más de conocimiento.
DUKESA
Gracias. Bueno, no creo yo mucho en la interpretación de los sueños solo que, lo vivido en este caso, fue una alucinación o no, pero desde luego estaba despierto.
ALEJANDRA
Tus mensajes no pasarán desapercibidos. Y ninguno de los treinta os habéis repetido en vuestros comentarios, así que no te cortes ni por cantidad ni por falta de ella y di lo que te venga en gana. Que a mí, personalmente, siempre me gusta escucharte.
Quien sabe, citando la frase del dios Hermes: "Hay muchos mundos pero todos están en éste"
Es una experiencia real percibida en otro estado de consciencia.
Placer leerte
Bito, es justamente lo que hacía. Me la preparaba a esas horas... pero en paellera, por supuesto. AH! y al rato, cuando ya me tenía que ir a trabajar... también me comía a algún cliente (esto es broma, lo otro es absolutamente cierto).
Quizás lo mejor de la vida sea tener preguntas.
Besos.
Sólo un saludo y un beso...
Lo más importante que veo en el sueño es el momento en el que estuviste a punto de tirar por la borda el haber dejado de fumar, y que tuviera que aparecer un impedimento externo para salvarte de tí mismo.
Quien sabe, querido. A veces es mejor no saberlo todo. O incluso nada. En fín pilarín.
El libro...hmmm...lo vendí.
Que pesao eres a veces.
BSTOS
Isaboh
Jajaja, ahí tienes las ideas claras
de aquí también saldría un buen corto :)
es como matrix pero en plan más casero ¿no?, ya sabes, una señora con una Olivetti en vez de tanta cosa rara :)
He llegado aquí sin darme cuenta, ¿o sí?
Realmente aterrizo por Caspar David Friedrich...pintor romántico que me pierde.
Prometo volver y leerte despacio como nos mercemos todos.
Besos.
Sr. Bito... qué importantes son las máquinas de escribir...
Que vuelva la hawaiana!!! :)
EL principio parece kafkiano, me recuerda a la metamorfosis, no creees?, aunque tiene gancho, o sea que vuelve al libro y no comas setas.
UUooohhh cuántos comentarios amigo!!!
Tengo algunas cosas que decirte:
1º qué es un camagroc?
2º tu relato me ha recordado a una versión EMO de "Alicia en el País de las Maravillas".
3º Es posible que ya hayas respondido a alguna de las cuestiones anteriores en algún comentario precedente pero nene, no tengo tanto tiempo como para chequearlos todos XXDDD
Besillos!!
¿Cuantos libros se habrán escrito a partir de historias basadas en agonías como la tuya?
Tampoco quiero decir que te conviertas en un escritor de éxito poniéndote hasta arriba de sustancias tóxicas.
Salud.
caray...y yo me fuí en el viaje tambien...vien siendo hora de cenar en abundancia creo yo.
Yo le doy una explicación más bien cuántica: hay mundos paralelos de infinitas posibilidades, y una de ellas era la que viste y cuentas. No sólo hay otros mundos pero están en este sino otras vidas y están en esta (¿ya has visto Y Tú Qué Sabes?)
Un abrazo fuerte, Bito.
Por lo visto estar aburrido te da buenas ideas!!
He fallado muchas respuestas, bueno, siepre hay tiempo para concoerse más, ¿o no?
un barazo!!
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