Pet cementery
El primero de todos no tenía nombre, no tuvimos tiempo de ponérselo. Lo trajo mi madre del mercado para que mi hermana y yo disfrutásemos de la instructiva compañía animal en nuestro sexto piso en pleno centro de Madrid. Era de color azul. Un pollito. Comenzó mi hermana cuando le partió un dedo con la puerta de la cocina, continuó mi madre torciéndole un ala mientras le curaba, y di yo el golpe de gracia retorciéndole el cuello mientras miraba tranquilamente los dibujos. En la misma caja que llegó fue enterrado solamente dos horas después.
Las siguientes fueron un par de tortugas. Si tuvieron nombre no lo recuerdo, tampoco las hacíamos demasiado caso, pues la alegría inicial del regalo se desvaneció al comprobar que los bichos esos no hacían nada. Comer, caminar muy despacio y mirarnos a través del cristal de su jaula. La más grande se fue por el váter como colofón a un estupendo truco de magia que mi hermano pequeño había ideado, la segunda cayó por la ventana semanas después cuando yo decidí convertirme en domador. No creo que lo lamentara. Posiblemente cerré la ventana y salí corriendo a jugar a los Playmobil.
Después llegaron varios gorriones. Los más afortunados aprendían a volar y escapaban a la mínima oportunidad, los más desgraciados morían olvidados en un armario, ahogados en el cubo de fregar, ahorcados con la cuerda de la cortina o consumidos por alguna extraña enfermedad a la que mi madre siempre denominaba "viruela".
Comenzada ya la moda de los pájaros nos dio entonces por los periquitos. Nos estrenamos con Garrasplas, un macho arisco y gritón que incapaz de soportar el adiestramiento de la familia B. Navarro cogió las de Villadiego una fría mañana de febrero poco después de la ducha que semanalmente le daba mi madre bajo el grifo, y justo antes de la clase de vuelo nocturno en mi habitación (con persianas bajadas a cal y canto). Le sustituyó Jacinta, un ave cariñosa, cantarina y dócil que pronto se ganó nuestro corazón. Jamás piso la jaula, dormía en un nido que se había hecho en las cortinas de la cocina y comía junto a nosotros en su lado de la mesa. Le corté la cabeza. Sin querer. Con la ventana. Lloramos todos amargamente hasta las seis de la tarde, hora en la que la familia salió unida y de luto a comprar un par de hámsteres con el que consolar nuestra pena.
Qué mala idea. Eran aburridos, sucios, feos y tenían hijos cada dos por tres. Cuando una de sus crías casi arrancó de un bocado el dedo de mi hermano - con razones de sobra para actuar así - mi padre anunció que los putos ratones se iban a vivir al campo. Creo que en esta ocasión tampoco protestamos. Estábamos todos hasta las narices.
Juramos no volver a tener una mascota, pero poco después a mí me regalaron otro pollito que con cariño y un poco de raciocinio materno se hizo gallo. Lo llevamos a una granja donde lo cuidarían, mimarían y sería feliz hasta el fin de sus días. Que imagino no pasarían de la navidad de ese mismo año.
Y por fin, absolutamente convencidos de que ya estábamos preparados para una mascota de verdad nos aventuramos con el perro. Un precioso Samoyedo vago y gordo que jamás aprendió a correr en linea recta. Obsesionado por la comida estuvo al borde de la muerte en varias ocasiones pero consiguió salir adelante nadie supo jamás cómo. Finalmente, se lo llevó un silencioso cáncer a la meritoria edad de 11 años.
Este fue el último. Pues para aquel entonces ni mi hermana ni yo vivíamos ya con mis padres, y mi hermano, adolescente, era apenas una seta que habitaba en algún rincón de su habitación y no quería más responsabilidades que la de mantener sin virus su nuevo ordenador. Así que no habiendo nadie para insistir no ha vuelto a entrar un animal en casa. De momento.
PETA todavía escribe una vez al año para agradecérnoslo.
Las siguientes fueron un par de tortugas. Si tuvieron nombre no lo recuerdo, tampoco las hacíamos demasiado caso, pues la alegría inicial del regalo se desvaneció al comprobar que los bichos esos no hacían nada. Comer, caminar muy despacio y mirarnos a través del cristal de su jaula. La más grande se fue por el váter como colofón a un estupendo truco de magia que mi hermano pequeño había ideado, la segunda cayó por la ventana semanas después cuando yo decidí convertirme en domador. No creo que lo lamentara. Posiblemente cerré la ventana y salí corriendo a jugar a los Playmobil.
Después llegaron varios gorriones. Los más afortunados aprendían a volar y escapaban a la mínima oportunidad, los más desgraciados morían olvidados en un armario, ahogados en el cubo de fregar, ahorcados con la cuerda de la cortina o consumidos por alguna extraña enfermedad a la que mi madre siempre denominaba "viruela".
Comenzada ya la moda de los pájaros nos dio entonces por los periquitos. Nos estrenamos con Garrasplas, un macho arisco y gritón que incapaz de soportar el adiestramiento de la familia B. Navarro cogió las de Villadiego una fría mañana de febrero poco después de la ducha que semanalmente le daba mi madre bajo el grifo, y justo antes de la clase de vuelo nocturno en mi habitación (con persianas bajadas a cal y canto). Le sustituyó Jacinta, un ave cariñosa, cantarina y dócil que pronto se ganó nuestro corazón. Jamás piso la jaula, dormía en un nido que se había hecho en las cortinas de la cocina y comía junto a nosotros en su lado de la mesa. Le corté la cabeza. Sin querer. Con la ventana. Lloramos todos amargamente hasta las seis de la tarde, hora en la que la familia salió unida y de luto a comprar un par de hámsteres con el que consolar nuestra pena.
Qué mala idea. Eran aburridos, sucios, feos y tenían hijos cada dos por tres. Cuando una de sus crías casi arrancó de un bocado el dedo de mi hermano - con razones de sobra para actuar así - mi padre anunció que los putos ratones se iban a vivir al campo. Creo que en esta ocasión tampoco protestamos. Estábamos todos hasta las narices.
Juramos no volver a tener una mascota, pero poco después a mí me regalaron otro pollito que con cariño y un poco de raciocinio materno se hizo gallo. Lo llevamos a una granja donde lo cuidarían, mimarían y sería feliz hasta el fin de sus días. Que imagino no pasarían de la navidad de ese mismo año.
Y por fin, absolutamente convencidos de que ya estábamos preparados para una mascota de verdad nos aventuramos con el perro. Un precioso Samoyedo vago y gordo que jamás aprendió a correr en linea recta. Obsesionado por la comida estuvo al borde de la muerte en varias ocasiones pero consiguió salir adelante nadie supo jamás cómo. Finalmente, se lo llevó un silencioso cáncer a la meritoria edad de 11 años.
Este fue el último. Pues para aquel entonces ni mi hermana ni yo vivíamos ya con mis padres, y mi hermano, adolescente, era apenas una seta que habitaba en algún rincón de su habitación y no quería más responsabilidades que la de mantener sin virus su nuevo ordenador. Así que no habiendo nadie para insistir no ha vuelto a entrar un animal en casa. De momento.
PETA todavía escribe una vez al año para agradecérnoslo.







39 Comments:
Anda que...
Nosotros tuvimos peces que extranyamente murieron cuando les cambiamos el agua por agua templadita, que era invierno y pensamos que así no tendrían frío. Mala idea, claro.
Y también tuvimos periquitos, pero en un viaje en coche hasta Alicante se nos murieron de calor, los dos, pobres. Se ve que no acertábamos con las temperaturas (y en aquellos tiempos -qué mayor me siento al decir esto- pocos coches tenían aire acondicionado, el nuestro no).
Tuvimos también hámsters por turnos, nunca dos a la vez, no sea que criaran. Y un gato que se relamía viendo la jaula del hámster.
Y por suerte, nunca llegamos al perro. Aunque el gato tiene ahora doce anyos y medio y aguanta como un jabato... :-)
Aunque tu vida sea un poco como la de 'Irlanda', de Espido Freire, desde mi humilde punto de vista te recomendaré que recojas un gatito callejero, a ser posible en una noche que llueva.
Nunca se lo agradecerás lo suficiente.
Un (b)eso!
Por casa fueron pasando todo tipo de animales con patas que mi hermano menor fue encontrando a su paso... que inmediatamente despues pasaban al olvido en busca de otras nuevas "aventuras"...
Dios, Bito!!! el que mas cosa me ha dado ha sido el primer pollo joeeee que recierdos mas Ozzylisticos me has traido!
Besicos
Dios mío, qué miedo!!! ¡¡¡Y te recomiendan que recojas un gato!!! No, no, deja al pobre bicho que viva lo que tenga que vivir. XD
Hola Bito, por mi casa también han pasado toda clases de bichos, incluso hasta cerdos.
He tenido lagartijas, perros, gatos, erizos, pollitos, camaleones, y un largo etcétera.
Leyendo tu relato, me ha recordado los tiempos en los que estos animales entraron en mi casa, con mayor o menor suerte.
Un abrazo enorme y que pases un excelente fin de semana
Saludos
Rampy
Vaya currículum... en el nico y en Tina acabó la cosa... será que solo aguanto a los gatos!!
Vaya, tu casa más que un hogar parecía un matadero. Yo nunca le llevaría animales demasiado pequeños a un niño. Se corre el peligro que lo traten como a uno más de sus juguetes.
Salud.
Pues si me pongo a enumerar las mascotas que por mi casa han pasado creo que no terminamos... Eso sí, que yo recuerde, salvo un cangrejo que murió de sed, a ninguna le fue tan mal como a las suyas...
Joé Bito.. parece que lo tuyo no es cuidar de los animales. Yo tuve un ratoncillo de laboratorio, le pusimos Federico XD me lo llevaba al cole y me lo ponía en el estuche (me dejaba cagadas por todas partes) Vivió 2 años, murió el mismo día que murió Lola Flores. Luego mis amigas del cole para compensar me regalaron dos chinchillas. Una de ellas estaba muerta cuando saqué el envoltorio de la jaula y la otra murió al cabo de 24 horas pq la tiré de una altura considerable, pensando que tenía la misma resistencia que Federico, pero tuvo un final bastante catastrófico. Pero mi mascota-hermana fue mi perra Gala que me acompañó desde los 8 años hasta los 22, la mehó.
Te voy a regalar dos gallinas, una vaca, dos cerdas de cría y una mula. Como granjero eres estupendo.
Es que esos pollitos ya vienen tocados, y claro no hay quien los reviva...
Creí que la decapitación de Jacinta me había impresionao hasta que he leído que el ratolín de Gloria murió el día que lo hizo Lola Flores, juas, Bsos
Mi casa ha sido siempre como el arca de Noé. Una vez incluso fuimos más animales que personas, creo recordar que eran 3 peces, 2 gatos y 2 periquitos... Mis dos hijos han crecido asilvestrados y felices. Eso si, todos, todos, todos han sido siempre machos, a pesar de mi empeño en tener una aliadA en casa...
La aventura del hamster prefiero olvidarla, si, vaya coñazo de bicho, sobre todo de noche.
Ahora tenemos a Babilón, una tortuga que ha sobrevivido a la neumonía este verano, y a Bosco, un gato callejero megamimoso.
Miau!
Ah!! Se me olvidaban los 13 pollos que tuve de cría, eso si de uno en uno. Y todos con un final trágico y rápido. Y a todos les puse el mismo nombre con su ordinal correspondiente: Cosmito. ¿Os acordáis de esos dibujos? Eran una familia que vivía en el espacio. El hijo, Cosmito, me encantaba.
XDDD
XD pobres animalillos, yo tuve periquito "Celeste", tortugas que no me gustaban nada, olian fatal, y un hamster que era el mimado de mi madre hasta que murió aún no sabemos el porqué.
Ahora tengo a mi gato negro al que quiero con locura.
Buen finde!!
Un besito.
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Lo de los pollitos de colores ¡Qué recuerdos! Que si se ahogaban en la fregona, que si se caían por el sexto, que si el gato de la vecina...
¡Fantástico post!
Un besito y buen fin de semana! ;)
Bueno!!! tu si que tuviste de todo! en casa solo perros y todos murieronde viejos, hoy día mi madre ya ha dicho que no mas responsabilidades de animales...
Es que tanto amor puede matar XD
Salud.
Soy contrario a las mascotas partidario de la gente.
Ojo con Garzón, despúes de acabar con los genocidas continuará con los ¿zoocidas?.
Un abrazo
Todas las mascotas que he tenido me las he terminado comiendo. Es ley de vida. Las panteras somos así, cuando aprieta el hambre... jajajajajajaja!!!
Besos voraces.
Qué linda variedad mascoteril! Imprescindible para que los chicos vayan aprendiendo esta cosa de la muerte y de la vida.
Beso,
PD: Gracias por el cumplido, sigo bordó de la vergüenza, mire.
Divinoooooo!!! No se si reirme o llorar .. porque me trajiste recuerdos de mis mascotas que siempre adore.. El primero un chanchito de la india como le decimos aca.. sabes que tenia nombre y corria detras nuestro como un perrito (penita se lo comión un gato) Despues los peces que me servian para llevarlos al jardin y que todos mis compañeritos quisieran tocarlos.. murieron de stress... Despues (Heracles) un cardenal que me daba pena verlo encerrado en su jaula y lo unico que hacia era tirarme al suelo todo el alpiste ( era cabrón) y ahora tengo un perrito un caniche llamado TATO ( en honor al comico argentino TATO BORES) Es un dulce de leche .. tiene 2 años y es el bb de la casa!!! No me lo quen ... quiero que viva mas de mil años .. ( A VECES ME PREGUNTO PORQUE ESTOS ULTIMOS VIVEN TAN POCO? ES TRISTE PENSAR CUANDO YA NO ESTEN Y MUERO DE DOLOR YAAA) Pero bueh es la vida no??? Gracias por pasar por mi lugarcito y feliz finde semana!!! Besotes desde Bs As - Argentina.
uy .. no se que paso en el comentario .. perdón es que por escribir rapido salio algo mal .. besitos!!!
Animales y chavalines no suelen ser compatibles.Yo tenía un par de pollos que lancé al aire al mismo tiempo para que volasen y tuvieron la mala suerte de chocar en el aire.Muertos los dos.
Pero me parece más grave que una compañera de la Universidad a los 20 años se le ocurra pegar con celo una tortuga al capó de un coche de scalextric y ponerlo a correr.Desenlace:las imprudencias se pagan.
antes del perro,creo que lo de ustedes debió ser cuidar mascotas imaginarias...
al menos para ir teniendo practica
Tranquilo que cuando hierves a los peces de tu acuario, axfisias a una cobaya en la siesta, metes a un pollito en la lavadora y pierdes un galápago en un patio cerrado... no se ve tan raro lo q cuetas!.
Eso sí, me hace plantearme seriamente lo de tener cualquier cosa viva a mi cargo.
Un saludo
Perdón por la dislexia y tal...
Bueno... intentar, lo intentásteis!! Yo en tu caso buscaba un amigo en un libro, no en un animal.
¡Qué historias!, mi hermana y yo tuvimos un pollito de pequeñas, estaba escuchimizado, nos dijeron que se ponían muy fuertes con pan empapado en vino, y nosotras, para que se pusiera más fuerte todavía, le dimos también vino para beber, cogió una el pobre, no paraba de correr y cuando paraba se caía al suelo, una pena y es cierto.
Luego mi hijo me montó un zoológico en casa, terrible.
Lo último fue un gato, era una fiera pero yo lo quería, duró diez años, y juré no tener más animales, de esto hace mucho, de momento cumplí el juramente, pero no sé yo, no sé yo...
Cuando contestes a Peta, le das recuerdos de mi parte.
Besos para ti.
En mi casa han sido pocos y es que mi opinión es que los animales se hicieron para estar en la calle y no dentro de una casa de humanos jaja.
Güeva, en México, es una manera bulgar de decir flojera y tiene mil formas: No sea güevón, tengo güeva, qué güeva escucharte, etc etc.
Estoy leyendo El hombre duplicado, me parece más retórico y redundante que Ensayo sobre la ceguera, que Las intermitencias de la muerte, que El evangelio, que Todos los nombres y todos los demás. Pero igual de fascinante. (El evangelio no me gustó).
El presidente de México en una rueda de prensa para entregar premios de literatura dijo que se le otorgaba a José Luis Borgues, así, literal. Y pudo haber dicho Haiga en lugar de Haya.
No me extraña, todos podemos equivocarnos, lo raro es que entre esos todos estén los que más cobran jaja.
¿Por qué ya no vives con tus papás? ¿Es que ya eres casado? (Así son las cosas en México).
De momento.
;)
Saludos :)
ps.: Iuta se llamaba mi Samoyedo... también gorda como ella sola :D
Vas a tener serios problemas cuando Adena de contigo...
Que tengas una linda semana!!! Besotes!!!
hmmm...hay cosas que tu hermana no me ha contado...
Nos vemos en unas semanas.
Bsos Bito
I
Creo que toda mi vida ha ido ligada a mis mascotas, en casa de mis pares siempre hubo algún perro, pájaro o mascota, eso sin contar a todos mis hermanos/as.
La lista de perros es eterna, de hecho llegaróan a cohabitar juntos dos perros con dos gatos, un hamster y uos gorriones.
Cuando me fuí, empeje con unos peces, la pecera sigue pero los inquilinos han ido cambiando con el tiempo, des pues llego el primer perro que ya ha sido sustituido despues de una trágica perdida.
Y ahoa te escribo esto con los ojos llorosos de mi perro callejero mirandome com diciendo "¿No es hora de que dejes el ordenador y me saques a dar una vuelta?"
Un abrazo desde mi túmulo
PD. Mis niños ya han heredado mi cariño y tiene sus tortugas
PPD. Sigue intentandolo
Nunca tuve una mascota encerrada en casa. Adoptaba y adopto todo perro o gato que se dejara tocar y fuera mínimamente cariñoso, pero nunca estuvieron en casa: o eran libres o pertenecían a algún vecino.
Ahora mi "mascota adoptiva" es un gato negro, muy cariñoso, que pulula por la huerta y nos recibe cuando vamos para allá.
Un buen día desaparecen y en lo que te queda de inocencia infantil quieres pensar que simplemente se han mudado :-)
Un besazo.
Me has traído a la cabeza el cuento "Bestiario" de Cortázar, el cual te recomiendo, porque ahí la mascota era un tigre... :)
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